¿Como se hacia eso de andar descalzo?

Hoy, de la cena a la cama.

Paso las horas mirando tu foto, pensando si te escribo ya el puto mensaje que nos mueva de esta situación de bloqueo.

Cambio la foto por un folio, haber si fluyen solas las palabras… pero no, aquí no fluye nada… no aparece el verbo para decirte que te hecho de menos, que te extraño, que sin ti, esta vida es un veneno.

Por cierto, que bueno lo ultimo de Fito, ¿no?

Cada verso me recuerda a ti. Grandes verdades, “mi corazón es de cristal, no guarda nada que no veas”.
Dicen que las canciones que en el fondo mas te gustan, es porque te tocan de alguna manera, y te sientes identificado con el tema, con una frase concreta, o tan solo por la melodía que tienes en la cabeza, que te trae a otro momento de tu vida.

Y hay es cuando estas, quieto, mirando una foto, un trozo de papel, el blanco de la pared, o el marco de la ventana.
Entró con la mirada gacha, intentando camuflar un suspiro. Se le había corrido el rimel, su cara denotaba que había estado llorando. “Pobrita” exclamó en bajo una señora mayor que estaba sentada a mi lado.

-¿Que crees que le habrá pasado?- me preguntó.
-Le habrá dejado el novio, o se le habrá muerto algún familiar, pueden ser mil cosas.

La verdad es que el sentimiento de pobrita era acertado para mí también, me enternecía aquella muchacha cuando pasó a mi lado mirando el suelo para sentarse en los asientos de justo detrás de mí, los únicos libres en el autobús de las 12.30.

Después de la primera parada (donde se bajo su compañero de asiento) se colocó de lado, recostándose sobre su derecha, con las piernas en cuclillas, y apoyando la cabeza en el respaldo del asiento de la ventana, un poco reclinado, se puso a dormir.

Se la veía monísima. No la veía con esos ojos desde que empezó nuestra vida juntos, hace ya dos años y medio.

De teléfonos y suicidas

“Su compañía de teléfono le recuerda que su número favorito sigue siendo 6(seguido de las ocho primeras cifras que vengan a tu mente) las llamadas tienen un coste de 0,01 €/min. + Establecimiento + I.V.A. Si ya no le llama puede cambiar su número favorito en el 4466.”

- Normal que me avisen, hace más de un año que no llamo- dijo Santi mientras caminaba hacia su casa.

Había sido un duro día de trabajo, hoy dos personas se habían tirado a la misma línea de metro que el conducía. Uno, movido por los nervios claramente, se tiro indeciso bastante antes de que le tocara pasar, dándole tiempo al maquinista a frenar de urgencia con resultado bueno para el suicida, malo para sus propósitos.
La otra persona, bueno, no se había tirado exactamente, en realidad, se tropezó cuando la multitud empujaba para coger el circular en hora punta, con la mala suerte de caer a la vía en el preciso instante en que el metro de Santi pasaba. No pudo hacer nada, y ese era el único consuelo que tenía.
En esa parada la aglomeración de personas aprendió una lección, esa vida, no es vida, y eso fue precisamente lo que le costó a la chica sacrificada por la moral de la sociedad.

Era curioso, pensaba Santi, como el hombre que buscaba su muerte, ahora estaba tomándose una tila en el hospital para enfermos mentales, mientras que la pobre chica que llegaba tarde al trabajo ahora estaba mas o menos reconstruida, metida en una caja de madera rodeada de sus familiares y queridos.

Curiosa esta vida, ¿verdad?

Al llegar a casa, se descalzó, se quito la ropa y se quedo en calzoncillos (el calor era asfixiante) Se puso a calentar un sándwich en la sartén, y se lo cenó mientras veía en el telediario de CNN+ el resto de las noticias tristes del mundo.

Al acabar de cenar, puso el DVD de “La reina de los condenados”, cogió el móvil y llamó:

- Laura, ¿estas ahí?
- No, soy Manuel, está dormida, ¿Quién eres? y ¿Qué quieres a estas horas?
- Nada, olvídalo, no la despiertes, da igual. Lo siento, buenas noches.


A las 9.00 de la mañana le despertó el sonido del móvil.

Sms: Ola Santi, qtl? Sxo q bn, q krias anoxe? Ace un mntn q no ablams, y manu no sabia kien ers, kmbie de movl y se prdiern ls numrs, xo en qnto vi ese 686 sabia q ers tu.
Sta noxe te yamo y ablams, va? Sxo q te vaya tdo bn, cuidate. Bsts.xao!

Paris, la nuit

22/08/09
04.00 AM

Por fin llegué a casa. Eran poco mas de las 2 cuando decidí dejar a mi gente para volver a casa, para mañana pillar el avión.
La verdad es que no cabíamos todos en el taxi, y como siempre tuve complejo de Jesucristo, improvisé una despedida para siempre (o no) y decidí buscarme la vida para volver.
Siempre me gustó ser el jugador nº 12, el 6º ocupante de un coche, o el 2º inventor de algo ingenioso.
No fue nada fácil. Media hora corriendo por les chams elisées y el arco de triunfo, hasta que encontré la parada.
Luego pillar el bus, el conductor que pedía que le diera las gracias y tal, aunque luego me perdonó.
Una hora de viaje con parad incluida, al final bajar en St. Martín – Sta. Jean d’arc y luego 20 minutazos a casa.
Bueno, al menos dormiré más de 6 horas, ya en España lo transcribo a algo legible.
Palabrita de borracho.

LA VOZ DE MADAME VENAIL

La señora Venail ya tiene unos años, aunque más de los que aparenta. Tiene un piano en el salón de su casa, donde se entretiene las mañanas que no está de viaje. Sabe dos idiomas, el suyo y otro, y ninguno de esos dos los conozco, al menos todavía.
La señora Venail tiene una voz dulce. Una vez, cuando era mas joven, la tuvieron que operar de la garganta, y por error, le cortaron las cuerdas vocales. Perdió la voz, y no podía hablar (lógico). Puede ser por eso que empezara a tocar el piano, puede ser, peut être.
Por aquel entonces, Calogero petaba en la radio con un tema que no recuerdo muy bien. La señora Venail escuchaba la radio a menudo. Era su consuelo, ya que no podía escucharse a si misma.
Una mañana, se levantó a encender la cafetera como todos los lunes, miércoles y viernes, luego se metió en la ducha, y empezó a cantar:

“'arrive à me glisser / Juste avant que les portes ne se referment / Elle me dit "quel étage" / Et sa voix me fait quitter la terre ferme / Alors”
(Calogero, En Apesanteur)

De repente, se le cayó la esponja. Salió corriendo de la ducha, cogió el teléfono lleno de polvo, y llamo a su hijo.
Desde entonces se le pone el vello de punta al contar esta historia.

Yo a penas conozco a Madame Venail, hemos coincidido dos días, pues ella estaba de viaje. Ni siquiera sé si la historia es así, porque me la contó en francés, pero a mi me gusta pensar que, a veces, puede que lo que pensemos sea lo que realmente sucedió.
Pero bueno, realmente, solo soy el chico que le subió la canción de Calogero del CD al iPod.